martes, 21 de febrero de 2017

A UN OLMO SECO( Machado)


  Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
  ¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
  No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
  Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
  Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
(4 DE MAYO 1912)



LAS MOSCAS( ANTONIO MACHADO)

"Las moscas"

Vosotras, las familiares

inevitables golosas,



vosotras, moscas vulgares

me evocáis todas las cosas.

¡Oh, viejas moscas voraces


como abejas en abril,

viejas moscas pertinaces


sobre mi calva infantil!


Moscas de todas las horas

de infancia y adolescencia,

de mi juventud dorada;

de esta segunda inocencia,

que da en no creer en nada,

en nada.

¡Moscas del primer hastío


en el salón familiar,

las claras tardes de estío

en que yo empecé a soñar!

Y en la aborrecida escuela

raudas moscas divertidas,


perseguidas, perseguidas

por amor de lo que vuela.

Yo sé que os habéis posado


sobre el juguete encantado,

sobre el librote cerrado,

sobre la carta de amor,

sobre los párpados yertos

de los muertos.

Inevitables golosas,

que ni labráis como abejas,

ni brilláis cual mariposas;


pequeñitas, revoltosas,


vosotras, amigas viejas,

me evocáis todas las cosas.